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sábado, 21 de mayo de 2011

Estreno y última noche

Me acerqué y le dije:
— ¿Bailas, muñeca?

Y ella, que me miró sin mirarme, que me tocó sin tocarme:

— ¿Cuántos años tienes, cachorrito?

Recuerdo que acercó a mis labios los suyos y me quebró la boca de un beso. Después hizo bailar su dedo índice, como dándome a entender que la siguiera, y nos sumergimos en la 235 del Hilton Road Hotel.

Desde aquel día, los muchachos me llaman “La Hiena”, digo yo que por esa perpetua sonrisa que ha quedado dibujada entre las cuatro paredes de donde alguna vez hubo un cráneo.


domingo, 10 de abril de 2011

No fumar


Ya se fue el último de los empleados, es cosa nomás de esperar a que se duerma el guardia… Por fin —desesperado, con los nervios de punta y en pleno paroxismo del síndrome de abstinencia—, hizo a un lado la banda roja y el humo pintado, se colocó perpendicular a su letrero y empezó a dar bocanadas como loco. —¡Ahhh! —exclamó aliviado, apoltronándose sobre las letras— ¡Tengo que buscar otro trabajo!


porTRIENIO. 1 de los 10 ganadores del concurso  CI de FEBRERO – 2008. en Arca Ficticia.

miércoles, 23 de marzo de 2011

No lo haga en su casa

Odiaba su vida y no sabía qué hacer con ella. Mirando una película se le ocurrió que podía sufrir un accidente y perder la memoria por completo. A diferencia del personaje, él no quería recobrar su identidad; anhelaba por sobre todo una vida nueva. Así fue que organizó, tal como en el filme, un choque en el puente y la caída al agua. Recuperó la conciencia en el hospital y se llevó una gran decepción. Recordaba todo. Además de estar mal herido y con un dolor insoportable, a los cinco minutos de despertar, se murió. Su último pensamiento fue para la película en la que se había inspirado: “la historia de mi vida, no puedo confiar en nadie”.


Guillermo Vidal

viernes, 11 de febrero de 2011

La mordedura del burro radioactivo

Ocurrió que mientras visitaba una feria de ganado, y por circunstancias que no vienen al caso, me mordió un burro radioactivo. Obviamente adquirí sus poderes, pero no creí conveniente darme a conocer haciéndome llamar el Hombre Burro, asi que decidí mantener el anonimato. Siempre intenté ocultar mis poderes, pero creo que en las reuniones de trabajo algunas de mis intervenciones hacían sospechar, en ocasiones, a alguno de los asistentes. Fue así como, poco a poco, supe aprovechar mis habilidades adquiridas para ir escalando posiciones. Hoy, que ya domino el mundo, podré desvelar por fin ante mis súbditos mi verdadera identidad.

martes, 21 de diciembre de 2010

La luna - Jaime Sabines



La luna

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas

Antologia poética - Jaime Sabines.

martes, 23 de noviembre de 2010

RELACIONES MATEMÁTICAS

Nuestra relación era una ecuación perfecta. Al poco de conocernos me prometió una casa donde multiplicarnos, haciendo gala de un amor infinito. Ni una fracción de segundo dudé de la veracidad de sus palabras. Formábamos un binomio ideal, la excepción de cualquier estadística. Un conjunto sólido, sin aristas, un valor absoluto, una unidad, un todo. Hasta que una mañana, despejó de mi mente la incógnita confesando tener el corazón dividido. Las matemáticas exactas, me dijo, no existen.

By Maite en  Historias mayúsculas en proporciones minúsculas

lunes, 14 de junio de 2010

Tres cosas antes de morir

Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro. Podía morir tranquilo. Sin embargo cuando le llegó la hora se dio cuenta que jamás había viajado en barco, ni había escalado una montaña, ni se había emborrachado con tequila, entonces se puso en campaña para hacer esas tres cosas antes de morir. Las hizo en poco tiempo y ya en su lecho de muerte cayó en la cuenta de que jamás había cazado un tigre, ni había buceado en aguas cristalinas, ni le había cantado una canción al oído a una muchacha. Se levantó de un salto y salió corriendo. Un tiempo después estuvo a punto de morirse pero recordó que nunca había comido helado de chocolate en la mañana, ni había arrojado flores al río, ni había cantado ópera bajo la ducha.

Dicen que anda haciendo cosas increíbles por el mundo. Sólo tres cosas más antes de morir, dice y sigue viviendo.

By Sandro Centurión at minificciones.com.ar

martes, 25 de mayo de 2010

Un sueño de Santiago Nasar

La noche anterior al día en que lo iban a matar, Santiago Nasar había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. «Siempre soñaba con árboles» decía Plácida Linero, su madre, quien tenía una reputación muy bien ganada de interprete certera de los sueños ajenos, pero nunca advirtió ningún augurio aciago en los sueños con árboles que él le había contado en las mañanas que precedieron a su muerte...


Extraído de Crónica de una Muerte Anunciada.
Gabriel García Márquez

jueves, 11 de marzo de 2010

Ningún Náufrago

Hace veinte años que esperaba una señal y una avioneta se estrelló ayer en la isla. Cuando se apagó el fuego pude contar los cuerpos: cuatro hombres. Los senté y les conté mi historia: lo que he comido, donde he dormido, lo que he pasado desde que el yate perdió el mástil. Hoy, la radio aún emite una señal de SOS; por eso, esperanzado, coloqué los cuerpos como estaban, destruí mi cabaña, me afeité y me puse ropa limpia. Quiero dejar de ser un náufrago. Cuando estire la mano y toque la llama, mi cuerpo bañado en queroseno contará la historia de cinco muertos en accidente aéreo. Ni una palabra de un náufrago.
Raúl Sánchez Quiles

sábado, 16 de enero de 2010

La vida debería ser al revés.

Se debería empezar muriendo y así ese trauma está superado. Luego te despiertas en una residencia mejorando día a día. Después te echan de la residencia porque estás muy joven y lo primero que haces es cobrar tu pensión. Luego en tu primer día de trabajo te dan un reloj de oro. Trabajas 40 años hasta que seas bastante joven como para disfrutar del retiro de la vida laboral. Entonces vas de fiesta en fiesta, bebes, practicas el sexo y te preparas para empezar a estudiar. Luego empiezas el colegio, jugando con tus amigos, sin ningún tipo de obligación, hasta que seas bebé. Y los últimos 9 meses te pasas flotando tranquilo. Con calefacción central, servicio a la habitación, etc...Y al final abandonas este mundo en un orgasmo.

Autor: Joaquín Salvador Lavado (Quino), Argentina

lunes, 16 de noviembre de 2009

Virgilio Diaz Grullon

Icaro
Hizo aquel día lo que desde muy niño había siempre deseado hacer sin atreverse jamás a realizarlo: lanzarse al vacío desde la ventana de su apartamento de un sexto piso. Tal como lo había anticipado, extendió los brazos y voló con gracia y sin ninguna dificultad en las inmediaciones de la ventana abierta. Planeo con elegancia sobre la copa del almendro arrancándole al desgaire algunas hojas. Evadió con pericia los alambres del tendido eléctrico. Ejecuto variadas maniobras de vuelo aprovechando las corrientes de aire y luego, a los tres segundos exactos de iniciar su viaje, se estrello violentamente sobre el pavimento de la calle como una fruta podrida.
La verdadera Pesadilla
Esa mañana, cuando se colocó frente al espejo para afeitarse y no vio el reflejo de su cara, comprendió que estaba muerto desde la noche anterior. Hizo un esfuerzo para reconstruir los detalles del accidente pero sólo recordaba el horrible chirrido de los frenos del auto y el ruido espantoso del choque.

Entonces volvió a acostarse porque pensó que la posición lógica de un cadáver es la horizontal. Tan pronto lo hizo se durmió profundamente y soñó que estaba vivo y mirándose al espejo en el cual su rostro se reflejaba con exactitud. En ese instante pensó que su experiencia anterior había sido sólo una pesadilla, pero estaba totalmente equivocado: su verdadera pesadilla recién comenzaba.

sábado, 8 de agosto de 2009

Psicópata Perverso

Escuché muchas voces, muchas; todas decían algo diferente por lo que no podía entender, quizás las entendía pero no les veía sentido. Empecé entonces a mirar las nubes: eran verdes; los arboles azules y el mar estaba negro, más sin embargo el sol brillaba como siempre con sus rayos de luz transparente y era tan insignificante que puse mi pulgar en él y le apagué. Alguien me paso por el lado y me dijo: “loco aléjate de mi”, yo, sin saber que decirle, solo grité: “¿Cuando bajará Jesucristo del cielo, señora? llevo horas esperándolo y ninguna nube da señales de él" Luego me eché a dormir y, al despertar, estuve en un cuarto muy bonito de paredes blancas y acolchonadas y con una camisa nueva, solo que un poco ajustada. Me llevaron dos hombres vestidos de blanco frente a otro con cara de perro asesino, que no paraba de hacerme preguntas sobre una mujer que apareció muerta, yo le dije que no sabia nada de lo que me hablaba hasta que mencionó una palabra que me dolió mucho en mi condición de hombre; me llamo psicópata perverso. Después luego me enseñó la foto de la difunta; ¡que pena sentí! Era la misma señora a la cual había preguntado por la llegada del Cristo, si mal no recuerdo antes de irme a dormir le pregunté que por qué ella no le decía que yo le esperaba. Parece que eso era lo que el hombre con cara de perro quería saber, porque cuando le dije que abrí el corazón de la mujer para que fuese en presencia de Dios, con mi discreto vidrio de botella, el abandonó la sala de inmediato y me dejó solo, con los otros dos vestidos de blanco.

Por Rafael Nina
PD: Claw da gracias a R.C. por haber dejado esta hoja en su cajón.

martes, 21 de julio de 2009

Algunos pueden pensar que esta Loco

CUENTO SIN TÍTULO

Se había levantado un viento frío y húmedo que barría las callejuelas, hacía temblar las farolas y ahuyentaba a los paseantes. Los hombres del lugar permanecían en silencio dentro de sus casas, con demasiado frío en sus cuerpos como para poder articular alguna palabra. Mis botas llenas de fango partían los charcos sin immutarse. Llevaba tiempo imaginando este día, y hoy me siento con fuerzas, por fin, para acabar aquello que nunca quise empezar, saldar mi deuda, dormir tranquilo.

A día de hoy soy un chico desgarbado y de mirada perdida. Quizás podrán decir de mí que estoy loco. De hecho, soy la clase de personas con las que, a estas horas, nadie querría cruzarse por la calle. Pero mi historia es otra, mucho más compleja y dolorosa de lo que la gente pueda pensar.Todo es más fácil de explicar si se vuelve la vista tres años atrás, cuando yo, Álex, era tan solo un chico pacífico y tranquilo como los demás.

El día en que todo empezó, el sol lucía. Regresaba a casa después de otra jornada de estudio, con la sonrisa puesta. Como siempre, abrí el portal y subí de dos en dos los escalones hasta el tercer piso, donde la realidad me esperaba.

Con la respiración aún acelerada, metí mi mano en el bolsillo y, al alcanzar la llave, un fuerte estruendo me asustó. Provenía del piso, donde deberían de estar mamá y papá, que con un poco de suerte habría llegado ya del bar (porque sí, señores, esa era la segunda vivienda de mi padre). Abrí la puerta con brusquedad y corrí hacia la cocina lo más rápido que pude, y al torcer el pasillo, recibí aquel golpe del que nunca me he podido recuperar (y, llegados a este punto, me gustaría que observaran el daño que se puede hacer a alguien sin tan siquiera tocarlo). Mi madre descansaba en el suelo, hecha un cuatro, con el rostro ensangrentado. Ahora parecía frágil, justo lo contrario de la mujer fuerte que siempre había conocido. Ante ella, aquell bulto que antes podría haber sido mi padre, pero que a partir de ese momento (por favor, no me llamen loco) fue el monstruo de todas mis pesadillas, dormido y despierto. Hoy aún no he olvidado su cara rabiosa e hinchada, ese olor a alcohol y esa respiración acelerada que parecía la pulsación de una cuenta atrás, una cuenta que hoy, por fin, iba a llegar a cero.

Sigo avanzando, sin prisa pero sin pausa. Hacía tiempo que no pisaba estas calles. Me acuerdo aún de todas estas farolas y aceras, y como otras tantas veces viene a visitarme el recuerdo de mi madre, la fuerte María.

Aún recuerdo el momento, dos años atrás, en que un toque en la puerta interrumpió una aburrida clase de Biología. Por aquel entonces yo ya era el chico alto, fuerte y de sólidos rasgos que soy ahora. La directora me requería en su despacho. Me extrañó porque ya hacía tiempo que había dejado atrás mi época turbulenta en el instituto. Confundido, me dirigí al despacho, donde la vida me esperaba para dejarme K.O. en el segundo round. Lo siguiente que recuerdo es el velatorio donde mi madre, la fuerte María, había encontrado por fin el descanso después de siete años, durmiendo con el que le había robado los sueños. Allí también vi por última vez a mi hermano, que pocos meses después me obligaría a vestir de negro otra vez tras perder la partida que llevaba jugando, ya hacía años, con su amiga la droga. Y allí también estaba él, el único vivo y el que menos lo merecía.

La lluvia empieza a arreciar y aprieto el paso. No tengo prisa, pero tampoco quiero mojarme. Llevo dos años esperando, no vendrá de cinco minutos. El portal está abierto, y como tantas otras veces entro sin pensarlo, subo las escaleras plácidamente, con la calma del que sabe que va a cerrar un negocio seguro. Pulso el timbre. Hace tiempo que no tengo las llaves, aunque tampoco las quiero. Se abre la puerta y lo veo y me ve y su rostro se desfigura. Me gusta saber que se alegra de verme. Él corre, pero ya es demasiado tarde. Lo alcanzó y le devuelvo uno a uno los golpes que él me dio a mí, golpes que no me tocaron pero que fueron peores que cualquier herida. Y al fin veo la vida chorrear en su cuerpo, esa vida del color del vino, el vino que tanto daño ha hecho a nuestras vidas y que nos ha convertido en monstruos y verdugos.

Es extraño sentir que tu felicidad se basa en la desgracia de otros. Parece de locos, pero ya saben que yo no estoy loco.

Tranquilo, camino hacia mi vieja cama y me tumbo para encontrar ese descanso que llevaba dos años buscando. La deuda por fin se ha saldado.

Y mientras tanto la tele encendida repite la misma noticia. ...
se sigue buscando al joven que escapó de un centro psiquiátrico hace dos dias. Es un joven de aspecto desgarbado, alto, fuerte y de facciones marcadas. El joven padece graves trastornos que afectan a su percepción de la realidad, y fue recluido en el centro tras matar a su madre y a su hermano. Su padre consiguió escapar de milagro. El joven responde al nombre de Álex.

De acuerdo, ahora pueden pensar que estoy loco, pero, ¿no será que están ustedes demasiado cuerdos?

por Iván Sierra

lunes, 15 de junio de 2009

Polemistas

Varios gauchos en la pulpería conversan sobre temas de escritura y de fonética. El santiagueño Albarracín no sabe leer ni escribir, pero supone que Cabrera ignora su analfabetismo; afirma que la palabra trara* no puede escribirse. Crisanto Cabrera, también analfabeto, sostiene que todo lo que se habla puede ser escrito.
-Pago la copa para todos -le dice el santiagueño- si escribe trara.

-Se la juego -contesta Cabrera; saca el cuchillo y con la punta traza unos garabatos en el piso de tierra.

De atrás se asoma el viejo Álvarez, mira el suelo y sentencia:

-Clarito, trara.
Autor: Luis Antuñano (Argentina)
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* Trara: Trípode de hierro